La danza que sueñan las tortugas regresa al Teatro de la Ciudad

El montaje de la Compañía Nacional de Teatro, dirigido por Nohemí Espinosa, cerró el Festival de Teatro Nuevo León con una nueva lectura de la obra de Emilio Carballido, cuatro décadas después de su primera presentación en este escenario.

El Festival de Teatro Nuevo León ha construido, a lo largo de sus 25 años de historia, un lugar fundamental dentro del panorama escénico del estado. Su vigésimo quinto aniversario se celebró con una programación que buscó recuperar la dimensión festiva y la relevancia de uno de los encuentros teatrales más importantes de la región.

Como ha ocurrido en otras ediciones, el festival puso especial atención en sus extremos: un arranque significativo y un cierre a la altura de la celebración. La inauguración estuvo a cargo de El invisible verano de Liliana, mientras que el cierre correspondió a La danza que sueñan las tortugas, de Emilio Carballido, en una producción de la Compañía Nacional de Teatro dirigida por Nohemí Espinosa.

La elección de Carballido no resulta menor. A varias décadas de su muerte, la dramaturgia del autor veracruzano continúa encontrando escenarios y nuevas lecturas dentro y fuera de México. Su permanencia en los repertorios nacionales e internacionales confirma la vigencia de una escritura capaz de dialogar con distintos públicos y contextos.

Un ejemplo reciente de esta circulación internacional fue Te juro Juana que tengo ganas, presentada en México por la compañía francesa Catherine Delattres, demostrando que la dramaturgia de Carballido continúa cruzando fronteras y generando nuevas aproximaciones desde otras tradiciones teatrales.

Un cierre que exigía al público

La danza que sueñan las tortugas no es una obra menor en términos de duración. Sus más de dos horas y media representan, en una época en la que la permanencia del espectador en la butaca parece depender cada vez más de la capacidad de un espectáculo para sostener su atención, un desafío considerable.

La pregunta, entonces, era inevitable: ¿cómo recibiría el público regiomontano este montaje en el cierre del festival?

La respuesta fue contundente.

La producción dirigida por Nohemí Espinosa consiguió sostener la atención del público a través de una puesta en escena rigurosa, con una dirección que evidencia una profunda investigación sobre el universo teatral de Carballido y, particularmente, sobre el juego y las posibilidades escénicas contenidas en su dramaturgia.

El elenco, integrado por Sonia Couoh, Carmen Mastache, Omar B. Betancourt, Jorge Zárate, Cris Ramos, Erika de la Llave, Berenice Riosè y Yadira Pérez, construyó una dinámica capaz de transitar por distintos registros sin perder el pulso de la obra. Hubo momentos para la risa, el enojo, la emoción y la reflexión, pero, sobre todo, una capacidad constante para mantener al espectador dentro de la historia.

La escenografía fue otro de los grandes aciertos de la producción. El universo cotidiano de la obra se construyó con una riqueza visual que incluso despertaba en el espectador sensaciones concretas: el calor, los colores, las bebidas, la atmósfera doméstica de un México reconocible.

El vestuario, por su parte, no se limitó a reproducir una época. Los vestidos de Rocío, protagonista de la historia, se convirtieron también en elementos de movimiento y contribuyeron a construir su presencia escénica.

El resultado fue uno de los montajes más sólidos de esta edición del Festival de Teatro Nuevo León y un cierre que estuvo a la altura de la celebración de sus 25 años.

Imágenes cortesía de Secretaría de Cultura de México

Cuarenta años después, Carballido vuelve a casa

Pero había algo más en esta presentación.

Cuando la Gran Sala del Teatro de la Ciudad fue inaugurada hace 41 años, La danza que sueñan las tortugas formó parte de aquellos primeros montajes que marcaron el nacimiento de este espacio como uno de los principales escenarios teatrales de Nuevo León.

Aquella primera producción fue dirigida por Luis Martín Garza, una de las figuras fundamentales de la historia teatral del noreste del país, y contó con las actuaciones de Minerva Mena Peña, Rubén González Garza, Emma Mirthala Cantú, Delia Garda, Nena Delgado, Claudia Frías Treviño, Ramiro Juárez, Ricardo Garza y Sandra Espinosa.

Aquel montaje quedó inscrito en la memoria del teatro regiomontano.

Cuatro décadas después, la obra regresó al mismo escenario, ahora bajo la mirada de la Compañía Nacional de Teatro. Más que una reposición, el acontecimiento funcionó como un diálogo entre distintas generaciones del teatro mexicano: una obra que vuelve al lugar donde alguna vez fue representada y que permite observar cuánto ha cambiado el teatro y, al mismo tiempo, cuánto permanece.

El regreso de La danza que sueñan las tortugas adquiere así un significado particular: Carballido vuelve al Teatro de la Ciudad, pero también vuelve a conversar con la memoria escénica de Nuevo León.

Imágenes archivo Luis Martín Garza

¿Volverá pronto Carballido a los escenarios regiomontanos?

La respuesta podría estar más cerca de lo que pensamos.

Luis Martín Garza, quien a sus 84 años continúa trabajando y recientemente recibió la Medalla Xavier Villaurrutia otorgada por el INBAL, ha anunciado en sus redes sociales una nueva puesta en escena de Rosa de dos aromas, también de Emilio Carballido.

El proyecto contempla las actuaciones de Sussy Alanís Gal y Monserrat Granados, esta última reconocida recientemente por su trabajo en El descenso de Psique.

Se trata de uno de los textos más emblemáticos de Carballido y, en este caso, será llevado a escena por un director que conoce profundamente la obra del dramaturgo.

La puesta en escena representaría una nueva oportunidad para que el público de Nuevo León vuelva a encontrarse con uno de los autores fundamentales de la dramaturgia mexicana.

El teatro no termina con el festival

Uno de los signos más alentadores de esta edición del Festival de Teatro Nuevo León fue, precisamente, la respuesta del público.

Las largas filas para ingresar a las funciones, en algunos casos con espectadores esperando durante más de dos horas, demostraron que existe un interés real por el teatro en Monterrey.

Pero ese interés plantea también una responsabilidad: recordar que el teatro no desaparece cuando termina el festival.

Durante todo el año existen propuestas en los espacios de CONARTE y en la escena independiente de la ciudad. Foros y proyectos como Casa Musa, DramáticoMX, Foro 13 y muchos otros mantienen activa una cartelera que merece ser conocida y habitada por los espectadores.

El Festival de Teatro Nuevo León puede cerrar sus puertas después de 25 años de historia, pero el teatro continúa.

Y quizá esa sea una de las mejores noticias que dejó esta celebración: que el público siga haciendo filas para entrar a una sala y que, cuando las luces se apaguen, todavía quiera quedarse.

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